Una mirada desde el otro lado de la línea, desde el agente de soporte
que alguna vez fui.
Tras un maldito
escritorio de madera me siento todos los días, siempre al lado de mi compañera
infalible, la aburrida rutina. Un computador, un teléfono, muchos reportes y
cosas por hacer. Al finalizar el día salgo contento por haber terminado mi
jornada, pero cada mañana vuelve la misma tortura de saber que empiezo otra vez.
A veces me digo – ¿Por qué no sales corriendo de ese asiento? ¿Por qué no ser
libre? – Pero luego ese yo pensante y pesimista protesta - ¡Ah que va! ¡Qué
pensamiento tan idiota! Yo nunca voy a salir de esto. Soy un simple asalariado
más, de esos que han perdido el sabor de la vida -.
– ¡Aló! Ya le dije
que hoy no lo van a visitar señor, su visita está programada para dentro de 5
días hábiles.
-Sí, pero eso me lo
dijeron hace un mes.
¡Maldita sea! Yo soy
quien tengo que entender sus problemas, sin embargo, ellos no entienden (ni les
interesa entender) el mío. Que se pusieran en mis zapatos un sólo día me
bastaría para sentir algo de tranquilidad, sería un premio de consolación a
esta mediocre vida que me tocó. Es como si Dios volteara su espalda y el diablo
se riera a carcajadas de mi vida… ¡Eso! Tal vez porque eso es lo único que
produzco, risa. Con hambre, sueño, frustración, problemas, no importa, hay que
poner un gesto hipócrita y aparentarle al usuario que la vida es bella ¿Acaso tal
cual así no lo hace la meretriz con su amante? Claro que sí lo hace, y en los
dos casos es por la misma razón, dinero. ¿Qué soy entonces? ¿Una meretriz? ¡Sí,
claro! Cuando alguien me vuelva a preguntar en qué trabajo, le diré que me
pagan por complacer y hacer sentir bien a los clientes, por fingirles felicidad
y dejarlos contentos. Soy la meretriz del soporte de internet.
-Soporte técnico ¿En
qué le puedo colaborar?
Otra vez va la
faena.
-Si buenas, es que
no tengo Internet - ¡No, qué novedad! El tonto éste pensará que aquí llaman
para mandar saludos a la radio y necesita aclarar.
Pruebas de línea,
verificación de parámetros, estados de actividades del endemoniado sistema, que
media hora para almorzar, quince minutos de break, ¡ojo con los tiempos!, hablé
más bajito, mire la intranet, el saludo debe ser al pie de la letra, ¡Pilas con
la despedida!, que hay que tener cuidado con lo que se le dice al usuario
porque cada llamada es monitoreada, recuerde el número de ticket, bla, bla, bla
y aún así nos dicen en las capacitaciones ¡Sonría, usted no es un trabajador,
usted es un GERENTE! ¿A quién convence ese argumento tan absurdo? Por mí pueden
irse con su gerente al fondo del océano. Si quieren un curso de superación
personal, mándenos a San Andrés con todos los gastos pagos durante una semana y
seguro que cada uno viene con todas las ganas de complacer al usuario - ¡Claro
caballero! Usted tiene toda la razón y le recomendaré su caso – o a la molesta
viejita que no sabe un pepino de computadoras – Mire señora, tranquila, cuando
digo inicio, me refiero al icono que queda en la parte inferior izquierda de su
pantalla –.
Trabajo miserable,
pero trabajo que necesito.
-¡Daño masivo en la
zona sur! ¡Informativo para todo!- Dice el supervisor de turno.
Ni un momento
alcanzo a estar tranquilo cuando empieza la llamadera.
-
Joven es que se me acaba de caer el
Internet y estaba enviando un trabajo muy importante.
-
Caballero yo vivo de esto y el
Internet se me acaba de caer.
-
Mire, mi negocio se basa en
Internet y estoy perdiendo plata por ustedes.
-
¡Siempre es lo mismo! Que Internet
tan malo.
De un momento a otro
TODOS viven del Internet. Qué bonito, que me digan cómo y yo me retiro de esto ¿Qué
hacen? ¿Se conectan a él al mejor estilo de Matrix y de ahí reciben su
alimento? ¡Bah! Una llamada tras otras y parecemos unas máquinas contestadoras.
– Lo que sucede señor(a) es que tenemos un inconveniente masivo en el sector y todavía
no tenemos un tiempo estimado de solución – (Bis) ¡Hasta eso se pierde en este
trabajo! La personalidad.
-Nos informaron que
se acabó el daño masivo – Entra nuevamente el supervisor en escena.
Pura paja, la gente
sigue llamando por lo mismo, pero hay que diagnosticar normal, es decir, perder
el tiempo con dos personas con la piedra afuera (usuario y agente) para llegar
a la conclusión de que el daño masivo continúa. Y así ocho horas diarias, seis
días a la semana. Que el trabajo es una bendición ¡Ja! La plata es una
bendición, el trabajo es un maldito martirio.
Por el momento no
puedo seguir escribiendo, me entró una llamada.
-Soporte técnico de
Internet ¿En qué le puedo colaborar?