domingo, 24 de noviembre de 2013

Oferta y demanda




Me levanté esa mañana y no lo niego, una especie de aire fresco recorrió todo mi cuerpo. Era como quitarse de encima una gran carga, era descansar, era tener el día libre para poder hacer las cosas que desde hace un buen tiempo tenía pendientes; era no ir a trabajar, o dicho en otras palabras, era mi primer día de desempleado. Un amigo alguna vez me dijo que, en un día similar al mío, hasta escuchó el cantar alegre de los pájaros, al salir a la calle todos sonreían y le pareció de pronto, en aquella oportunidad, que la vida no era tan dura después de todo. Aunque parezca a simple vista un tema terrorífico que afecta a muchas personas en este mal gobernado país y que no es algo como para alegrarse, lo cierto es que en ocasiones lo que se siente es, contrario a toda creencia, tranquilidad.

Muchos de los colombianos nos enfrentamos al dilema de trabajar en lo que no nos gusta y para lo que no estudiamos porque, tal vez, eso que nos apasiona no genera la misma remuneración económica que otras actividades más “competentes”. Y es que es un hecho, quien no esté en la capacidad de amoldarse al sistema económico mundial, a estudiar algo que luego sea rentable en ese modelo, está condenado a vivir una vida mediocre, o bueno, por lo menos así nos lo enseñan; nos obligan, diría yo. Por fortuna (o desgracia) estudio comunicación social, una carrera que suele confundirse con presentar noticias en televisión o ser locutor de radio, en el mejor de los casos, reportero en algún periódico, pero rara vez se asocia con un trabajo serio de investigación, con compresión de procesos comunicativos o con labores periodísticas más allá de la reportería. Me imagino que el mismo karma vivirán los psicólogos cuando ocasionalmente se les pide consejos sobre qué hacer y qué no en los asuntos del amor, y los ingenieros electrónicos cuando se les dice: “Disculpe ¿Me puede arreglar el televisor?”, con la gran diferencia que éstos últimos son respetados por el área de conocimiento que manejan ya que conservan un buen prestigio dentro de la sociedad, en cambio, en su mayoría, a los comunicadores se nos tilda de imprudentes y chismosos, como a los filósofos de locos y a los artistas de soñadores.

Aún con la sonrisa en la boca, encendí la computadora y me propuse a buscar algo productivo que pudiera hacer y con lo cual me sintiera contento – Algún trabajo a fin a lo que me gusta debe haber por ahí – pensé. Abrí la página de clasificados de uno de los diarios de la ciudad y empecé a poner los pies en la tierra. Cargos para técnicos en reparación de computadores, tecnólogos en sistemas, operadores de máquinas de todo tipo, expertos en el manejo de redes, taxistas, cocineros, peluqueros, fontaneros, secretarias, diseñadores, profesores, mecánicos, electricistas, albañiles, médicos, veterinarios, guardas de seguridad, meseros, arquitectos, administradores, físicos, astronautas, magos, mentalistas, adivinos, sayayines, etc., etc., etc., encontré de todo tipo de empleos para casi todos los gustos, sin embargo, recién volvía a darme cuenta que para ciertas carreras profesionales u ocupaciones, la cosa es más complicada y que por dicha razón yo, siendo comunicador, daba soporte sobre Voip.

Parece que la sola idea de estudiar lo que a uno le gusta viene condicionada por la situación económica del país, las demandas del mercado y de la industria, que para salir adelante en un área diferente se necesita ser muy bueno, tener algún contacto y un poco de suerte. Aquí vale la pena parafrasear esta pequeña parte de uno de los tantos discursos del presidente de Uruguay, José Mujica, quien decía que el hombre ha dejado de tener el control sobre el consumo y es el consumo quien finalmente ha tomado el dominio del hombre, que lo que llamamos “desarrollo” termina siendo en contra de la felicidad. Veo que en las universidades, preocupadas por este tema, están incluyendo dentro de su pensum materias relacionadas con la creación de empresa; un noble esfuerzo que busca solucionar el inconveniente de desempleo para los egresados de algunas carreras del país, pero que convierte ciertos temas de estudio en irrelevantes frente a la globalización, perdiendo completamente la esencia de lo que se estudia y cada vez dándole más la razón Mujica. No puedo visualizar la imagen de un músico, literato, filósofo, actor o un comunicador, formando empresa sin que esto los desarraigue en cierta medida de lo que los apasiona y del propósito por el cual estudiaron.

Con tristeza me miro al espejo y pienso que me equivoqué en escoger lo que deseaba estudiar, tal vez, fue un error ser comunicador. Debí ser ingeniero o médico, así tendría más oportunidades de competir y de ser “productivo” en un país en donde es más importante la mano de obra dentro de una empresa, que el crecimiento intelectual de sus ciudadanos. En donde un gobierno de ocho años le quitó beneficios a las universidades del Estado y el actual, que no deja de ser estúpido, intentó implantar una reforma a la educación superior que pauperizaba más a las instituciones públicas. Ahora, a casi un mes de estar sin empleo ya no hay sonrisas y el aire no es tan fresco, la tranquilidad no existe con las deudas acosando y lamento con resignación que en la universidad no haya visto tan siquiera alguna materia para la creación de empresa.


SOA

4 comentarios:

  1. Compa, no puedo dejar de identificarme con tu escrito... sólo resta seguir adelante y hacer lo posible para bailar la que nos pongan sin dejar de bailarla como nos gusta.

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    1. Jejejeje!! Mejor no lo pude haber dicho yo... Un saludo señor León...

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