Me levanté esa mañana y no lo niego, una especie de aire fresco
recorrió todo mi cuerpo. Era como quitarse de encima una gran carga, era
descansar, era tener el día libre para poder hacer las cosas que desde hace un
buen tiempo tenía pendientes; era no ir a trabajar, o dicho en otras palabras,
era mi primer día de desempleado. Un amigo alguna vez me dijo que, en un día
similar al mío, hasta escuchó el cantar alegre de los pájaros, al salir a la
calle todos sonreían y le pareció de pronto, en aquella oportunidad, que la
vida no era tan dura después de todo. Aunque parezca a simple vista un tema
terrorífico que afecta a muchas personas en este mal gobernado país y que no es
algo como para alegrarse, lo cierto es que en ocasiones lo que se siente es,
contrario a toda creencia, tranquilidad.
Muchos de los colombianos nos enfrentamos al dilema de trabajar en lo
que no nos gusta y para lo que no estudiamos porque, tal vez, eso que nos
apasiona no genera la misma remuneración económica que otras actividades más
“competentes”. Y es que es un hecho, quien no esté en la capacidad de amoldarse
al sistema económico mundial, a estudiar algo que luego sea rentable en ese
modelo, está condenado a vivir una vida mediocre, o bueno, por lo menos así nos
lo enseñan; nos obligan, diría yo. Por fortuna (o desgracia) estudio
comunicación social, una carrera que suele confundirse con presentar noticias
en televisión o ser locutor de radio, en el mejor de los casos, reportero en
algún periódico, pero rara vez se asocia con un trabajo serio de investigación,
con compresión de procesos comunicativos o con labores periodísticas más allá
de la reportería. Me imagino que el mismo karma vivirán los psicólogos cuando ocasionalmente
se les pide consejos sobre qué hacer y qué no en los asuntos del amor, y los
ingenieros electrónicos cuando se les dice: “Disculpe ¿Me puede arreglar el
televisor?”, con la gran diferencia que éstos últimos son respetados por el
área de conocimiento que manejan ya que conservan un buen prestigio dentro de
la sociedad, en cambio, en su mayoría, a los comunicadores se nos tilda de
imprudentes y chismosos, como a los filósofos de locos y a los artistas de soñadores.
Aún con la sonrisa en la boca, encendí la computadora y me propuse a
buscar algo productivo que pudiera hacer y con lo cual me sintiera contento – Algún
trabajo a fin a lo que me gusta debe haber por ahí – pensé. Abrí la página de
clasificados de uno de los diarios de la ciudad y empecé a poner los pies en la
tierra. Cargos para técnicos en reparación de computadores, tecnólogos en
sistemas, operadores de máquinas de todo tipo, expertos en el manejo de redes,
taxistas, cocineros, peluqueros, fontaneros, secretarias, diseñadores,
profesores, mecánicos, electricistas, albañiles, médicos, veterinarios, guardas
de seguridad, meseros, arquitectos, administradores, físicos, astronautas, magos,
mentalistas, adivinos, sayayines, etc., etc., etc., encontré de todo tipo de
empleos para casi todos los gustos, sin embargo, recién volvía a darme cuenta
que para ciertas carreras profesionales u ocupaciones, la cosa es más
complicada y que por dicha razón yo, siendo comunicador, daba soporte sobre
Voip.
Parece que la sola idea de estudiar lo que a uno le gusta viene
condicionada por la situación económica del país, las demandas del mercado y de
la industria, que para salir adelante en un área diferente se necesita ser muy bueno,
tener algún contacto y un poco de suerte. Aquí vale la pena parafrasear esta
pequeña parte de uno de los tantos discursos del presidente de Uruguay, José
Mujica, quien decía que el hombre ha dejado de tener el control sobre el
consumo y es el consumo quien finalmente ha tomado el dominio del hombre, que lo
que llamamos “desarrollo” termina siendo en contra de la felicidad. Veo que en
las universidades, preocupadas por este tema, están incluyendo dentro de su
pensum materias relacionadas con la creación de empresa; un noble esfuerzo que
busca solucionar el inconveniente de desempleo para los egresados de algunas
carreras del país, pero que convierte ciertos temas de estudio en irrelevantes frente
a la globalización, perdiendo completamente la esencia de lo que se estudia y
cada vez dándole más la razón Mujica. No puedo visualizar la imagen de un
músico, literato, filósofo, actor o un comunicador, formando empresa sin que
esto los desarraigue en cierta medida de lo que los apasiona y del propósito
por el cual estudiaron.
Con tristeza me miro al espejo y pienso que me equivoqué en escoger lo
que deseaba estudiar, tal vez, fue un error ser comunicador. Debí ser ingeniero
o médico, así tendría más oportunidades de competir y de ser “productivo” en un
país en donde es más importante la mano de obra dentro de una empresa, que el
crecimiento intelectual de sus ciudadanos. En donde un gobierno de ocho años le
quitó beneficios a las universidades del Estado y el actual, que no deja de ser
estúpido, intentó implantar una reforma a la educación superior que pauperizaba
más a las instituciones públicas. Ahora, a casi un mes de estar sin empleo ya
no hay sonrisas y el aire no es tan fresco, la tranquilidad no existe con las
deudas acosando y lamento con resignación que en la universidad no haya visto tan siquiera alguna materia para la creación de empresa.
SOA
Compa, no puedo dejar de identificarme con tu escrito... sólo resta seguir adelante y hacer lo posible para bailar la que nos pongan sin dejar de bailarla como nos gusta.
ResponderEliminarJejejeje!! Mejor no lo pude haber dicho yo... Un saludo señor León...
EliminarAndamos existenciales ps
ResponderEliminarme alegra no ser el único
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